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Analizamos cómo las grabaciones continuas de cantos de aves, ruidos de insectos y el paso del viento por el follaje se traducen en variables y datos métricos para medir la densidad biológica de la fauna sin interferir en su hábitat.
Explorar espectrogramasAnálisis de frecuencias y densidad de cantos en bosque templado. Un estudio de campo revela cómo los patrones acústicos matutinos se correlacionan con la biomasa de insectos.
Firmas acústicas del follaje y su relación con la densidad de copas. Grabaciones de viento en diferentes estratos revelan patrones que diferencian bosques primarios de secundarios.
Registro de ultrasonidos y su vínculo con la actividad de murciélagos. Las grabaciones nocturnas revelan una rica comunidad de ortópteros y coleópteros que sostienen la cadena trófica.
Cada grabación se traduce en métricas concretas para la gestión de ecosistemas protegidos.
Registramos la actividad de fauna sin cámaras ni visitas al terreno. Los micrófonos capturan cantos y estridulaciones que revelan densidad de especies sin alterar su comportamiento.
Las grabaciones de 24/7 generan series temporales de frecuencia y amplitud. Puedes comparar estaciones, años o zonas de un mismo bosque con una base métrica homogénea.
Cada registro se procesa en gráficos de densidad espectral y firmas acústicas. No necesitas software especializado: los datos se entregan en formatos abiertos para tu investigación.
La variación en el paisaje sonoro anticipa desplazamientos de fauna o pérdida de cobertura vegetal semanas antes que otros métodos. Una alerta acústica para la gestión forestal.
Micrófonos colocados a distintas alturas capturan el sonido del dosel, sotobosque y suelo. Obtienes un perfil acústico completo de la estructura del bosque.
Todos los espectrogramas y metadatos se publican en nuestro archivo accesible. Puedes descargar series completas para validar resultados o ampliar estudios comparativos.
Frente a los censos visuales y trampas tradicionales, la bioacústica ofrece una ventana continua, no invasiva y escalable al interior del bosque. No reemplazamos el trabajo de campo: lo ampliamos con precisión métrica.
Un micrófono direccional instalado en el dosel registra 72 horas continuas sin que un solo animal altere su comportamiento. Los censos visuales, en cambio, requieren presencia humana que modifica la actividad de la fauna. Nuestros espectrogramas capturan la conducta real.
Cada grabación se traduce en densidad espectral, índices de diversidad acústica y picos de frecuencia. No hablamos de “más pájaros”, sino de dB por banda de frecuencia y correlaciones con biomasa de insectos. Los números permiten comparar estaciones y años con rigor estadístico.
Nuestros protocolos se han contrastado con censos tradicionales en tres reservas de bosque templado y nuboso. La correlación entre riqueza acústica y riqueza de especies observada supera el 0.87. No es teoría: es un método que ya usan grupos de investigación en conservación.
El proyecto ha sido citado en tres artículos de revistas indexadas y forma parte del material didáctico del máster en Ecología Acústica de la Universidad de Alcalá. Los datos brutos y los scripts de análisis espectral están disponibles para su revisión por pares.
Herramientas acústicas que traducen el paisaje sonoro en métricas de biodiversidad para la gestión de ecosistemas protegidos.
Identificación automática de especies por firma espectral. Correlacionamos picos de canto con la fenología de frutos en el dosel, permitiendo estimar la dispersión de semillas sin censos visuales.
Algoritmos que aíslan el ruido del viento por altura de copa. Diferenciamos bosque primario de secundario analizando la continuidad espectral entre 200 y 800 Hz en grabaciones de una sola estación.
Registro de ultrasonidos de insectos y murciélagos durante 72 horas. Doce patrones de estridulación identificados sirven como proxy de la densidad de artrópodos y la salud de la cadena trófica en reservas de niebla.
Empleamos micrófonos omnidireccionales de respuesta plana con sensibilidad de hasta 20 kHz, montados en soportes de baja fricción para minimizar el ruido del viento. Cada estación de grabación incluye un registrador autónomo con batería para 72 horas continuas y almacenamiento en tarjeta SD.
Los equipos se instalan al menos 48 horas antes de iniciar la grabación para que los animales se acostumbren a la presencia del dispositivo. Además, los micrófonos se colocan a una altura de 2–3 metros del suelo y se camuflan con corteza natural. No se utilizan señuelos ni emisiones sonoras que alteren el comportamiento.
Calculamos el índice de diversidad acústica (ADI), la entropía espectral, la densidad de picos por minuto y la frecuencia dominante en bandas de 1 kHz. Estas métricas se correlacionan con la riqueza de especies y la biomasa de insectos, permitiendo estimaciones sin censos visuales.
Sí, mantenemos un repositorio abierto con fragmentos de audio de 10 minutos y sus espectrogramas asociados. Para acceder a las series completas de 72 horas, es necesario solicitar acceso mediante un formulario de colaboración científica. Todos los datos están etiquetados con coordenadas, fecha y condiciones meteorológicas.
Usamos un clasificador basado en redes neuronales entrenado con más de 5000 espectrogramas etiquetados. El modelo distingue rangos de frecuencia, duración de los pulsos y patrones de modulación. Las aves suelen emitir entre 1 y 8 kHz con frases estructuradas, mientras que los insectos generan estridulaciones continuas o ráfagas por encima de 10 kHz.